16 Julio 2010

Lepanto, de CEFA


Hoy vamos a recordar un juego de tablero con el que muchos hemos pasado horas y horas disfrutando de campañas bélicas y estrategia salpicada con toques de historia. “Lepanto”, este era el nombre que la juguetera Cefa puso a este juego donde se recreaba la Batalla de Lepanto, donde la conocida como Liga Santa.

Esta liga estaba formada por España, Venecia, Génova y la Santa Sede se tuvieron que enfrentar en cruentas y duras batallas contra los turcos para intentar frenar su rápido crecimiento y expansión por toda la cuenca el Mediterráneo, amenazando los intereses comunes de cada lugar.

En la realidad fue una de las victorias más importantes de España, una batalla donde se llevaron a cabo verdaderas gestas por guerreros y luchadores anónimos que tiñeron de sangre el campo de batalla y escribieron una página en los libros de historia pero… esto es el juego y no tiene por qué ser fiel a la realidad, de nosotros mismos dependía el futuro de Europa.

El popular juego de Cefa

El tablero representaba al mar Mediterráneo dividido en cuadros y en cada una de las esquinas se encontraban los estados con sus fortificaciones y cada uno de ellos contaba con su propia flota donde se encontraban las galeazas, galeras y la Real, buque insignia de cada nación y con el que podíamos conquistar las ciudades.

Estos barcos contaban con un movimiento similar al del ajedrez y tanto en labores de ataque como de defensa, siempre era muy aconsejable llevar varios navíos juntos para evitar que el buque insignia cayese, y con ello, la oportunidad de conquistar al enemigo.

Pero para ello, además de nuestras propias tropas, contábamos con la oportunidad de hacer diferentes alianzas entre los estados, lo que nos permitiría ir más desahogados al combate. Hoy en día este juego es casi de coleccionista debido a que ya ni se fabrica ni se vende en las jugueterías. ¿Habéis jugado alguna vez?

28 Mayo 2010

Muñecos para el olvido

Muchos recordaréis con nostalgia aquellos juguetes que pasaron por vuestras manos y que posiblemente tengáis aún en vuestras casas pero… ¿qué fue de aquellos que no tuvieron mucha fama? Hoy recordamos tres muñecos que pasaron por las jugueterías y se fueron tan rápido como llegaron y muchos ni los recuerdan o no los conocen directamente.

¿Sabíais que hubo un muñeco de Chuck Norris? Sí, alguien que ha contado hasta el infinito dos veces (o más) y que según se dice, ha sido capaz de parirse a si mismo, (bromas aparte) no podía ser que no tuviera su propio muñeco.

Fue lanzado a mediados de los ochenta y eran los Chuck Norris Karate Commandos, unas figuras de acción como muchas de las que había por aquel entonces, pero estas contaban con el inigualable Chuck, aunque no tuvo ningún éxito, al menos en España.

Chuck, Rambo y los Bravestarr

Rambo fue otro de los personajes de ficción que también tuvo su momento de gloria personificado en un muñeco. Fue creado a raíz del éxito cinematográfico pero a nivel de juguete era un total fiasco, por mucho cuchillo y arco con flechas que tuviese, además era un poco deforme ese muñeco, creo que el más horrible de los que hablamos en esta entrada.

Y para finalizar nos vamos con Bravestarr, personajes de dibujos animados de un western espacial que al parecer tuvo bastante éxito en Sudamérica y en Estados Unidos y que gracias a ello crearon la serie de figuras de acción que tuvo la misma suerte que la serie, prácticamente nula en nuestro país.

¿Qué juguete o muñeco recordáis que haya sido un completo fracaso?

27 Mayo 2010

¿Dónde está Wally? (1987)

¿Dónde está Wally? Seguro que muchos de vosotros habréis jugado con estas publicaciones creadas opr Martin Handford allá por 1987. Publicaciones que más que un libro en sí eran juegos donde nuestra misión consistía en encontrar al popular personaje en diferentes rincones repletos de multitud de detalles y más personajes que eran capaz de despistar al más avispado.

Para que no fuera demasiado difícil encontrarle tenemos de salida una pista que nunca cambia, la ropa de Wally. Gorro de lana a rayas, gafas, jersey de rayas horizontales rojas y blancas y pantalón vaquero. En ocasiones suele llevar alguna clase de complemento como cámara de fotos, utensilios de camping, libros o su bastón, que en ocasiones acaba extraviando y también tenemos que encontrarlo.

Para rizar el rizo, en ocasiones tendríamos que buscar a otros personajes como a Wanda, la novia de Wally, la cual viste de una manera parecida a su novio y de vez en cuando aparece persiguiendo al protagonista.

¿Donde está Wally?

Otro de los personajes es Wolf (sonido onomatopéyico del ladrido de un perro) es de color blanco e igual a Wally lleva sus gafas negras y un gorro rojo y blanco y normalmente solo deja ver su cola.

Odlaw es otro de los que encontraremos (o no) y viste igual que Wally cambiando el rojo y blanco por negro y amarillo. Es el personaje antagónico de Wally (Waldo en la versión inglesa) y su nombre es el mismo pero escrito al revés.Y finalmente Barbiblanca, un mago que lleva el típico sombrero de mago en forma de cucurucho de color azul, una túnica roja y un bastón azul, rojo y blanco.

Y debido a su gran éxito internacional se llegó a crear una serie de televisión de 13 capítulos y varios juegos para NES, SNES y Sega Genesis. ¿Cuántas veces habéis jugado a buscar a este famoso personaje?

25 Mayo 2010

La flor bailarina en los ochenta

Vuelvo al ataque con aquellas “cosas” que había en los ochenta y que por aquel entonces eran un auténtico furor y hoy en día las ves y pasa directamente a ser un icono del glamour retro o lo más kitch digno de estar en la habitación del más friki o incluso encima de la televisión de alguna viejecita “moderna”.

¿Cuántas cosas recordáis de los ochenta que puedan ocurrirles lo mismo hoy en día? Si no os acordáis de muchas o de las que teníais constancia ya hablamos en este blog, hoy os traigo otra que seguro que os traerá alguna clase de recuerdos.

La flor bailarina, bueno… la verdad que no recuerdo como se llamaba pero es lo más digno que puedo decir sobre esto, un producto que cuando fue lanzado fue un tremendo éxito y que poco a poco iba quedando relegado a las famosas tiendas de los “veinte duros” en España, desconozco como podían llamarse en otros lugares del mundo.

La curiosa flor bailarina

De flor tenía únicamente la forma, era de plástico y cuando se ponía música, la muy cachonda comenzaba a bailar para el disfrute de toda la familia, en especial los abuelos, que veían aquello como un adelanto de la tecnología digna de cualquier novela de Isaac Asimov.

Pero con el tiempo descubrías que también bailaba si cantabas, tocabas las palmas o hacías cualquier clase de ruido fuerte y ya te sentías un poco defraudado porque la florecilla no era tan buena como pensabas. Pero al poco tiempo apareció otra variación, el bote bailarín.

La mecánica, y nunca mejor dicho, era la misma, lo que pasa que en vez de una flor era un bote de bebida (de plástico tb) con auriculares y gafas de sol que cuando había algún sonido fuerte, ni corto ni perezoso comenzaba a moverse como si de un abuelito reumático se tratase.

Cosas de estas no es que hicieran precisamente grande a la década de los ochenta pero ya se sabe, para que salga algo bueno debe salir mucho malo…

21 Mayo 2010

Autocross de Congost

Hoy quiero recordar con vosotros un par de juguetes que son de los más antiguos de los que mi mente puede recordar de la década de los ochenta y que desgraciadamente nunca tuve, por más que pataleé, lloré, me enfadé y aseguré que no volvería a comer nunca…

Recuerdo que cuando era pequeño no era de esos niños repelentes que quieren TODO y escribían cartas kilométricas a los reyes magos, exactamente no recuerdo lo que les escribía pero si sé que eran bien cortas, del estilo “traerme esto si podéis” y poco más. Nunca me faltaron juguetes ni un hermano o amigos con los que pasar las horas pero siempre tuve una espinita y es la de no haber tenido el Autocross de Congost.

¿Lo recordáis? Era un juego tan simple como entretenido. ¿A qué niño no le gustaban los coches? Con este juego tendrías diversión durante horas hasta que se le acababan las pilas. Metías la llave, ponías la primera y ale, a dar vueltas por un circuito sin parar hasta que acababas con la cabeza loca de tanta curva y de tanto mirar al cochecito.

Aspecto del popular Autocross

Cuando ya tenías el control ibas aumentando la velocidad gradualmente hasta llegar a la quinta marcha, pero con el mareo que tenías de ver el coche dando vueltas siempre en sentido de las agujas del reloj, dar más velocidad era una “temeridad” y siempre había que elegir la parte exterior del circuito porque si te metías por el entresijo de curvas del interior eras hombre niño muerto.

¡Cuánto anhelé tener este juego! Nunca llegó ni los reyes lo trajeron, pero me regalaron un montón de Geyperman con accesorios que si ahora aún los tuviera podría venderlos por Ebay o cualquier web de subastas y me haría casi millonario, aunque sabiendo como soy seguramente me lo guardaría como oro en paño, testigo de años mejores, años inocentes y donde mi única preocupación era salir de clase a tiempo para ver barrio sésamo, merendar y jugar hasta cansarme.

Y lo mejor de todo es que aún estoy a tiempo de quitarme esa espinita clavada dado que hay jugueterías que aún lo siguen vendiendo, así que algún día me dará la ventolera y me llevaré a mi casa este icono del frikismo ochentero y que probablemente si se lo regalasemos a nuestro hermano pequeño, primo o sobrino nos lo tiraría a la cabeza, pero es igual… ¡Viva el Autocross!

14 Mayo 2010

El Tragabolas en los ochenta

¡Traga, traga bolaaas! ¡Na-na-nanaaaa! ¡Traga, traga bolaaas! ¡Traga bolas sin paraaar! Así era la canción que aparecía en el anuncio de televisión de este juguete de la empresa MB tan recordado de los ochenta y tan socorrido para los padres dado que no era uno de los más caros de por aquel entonces.

¿Os acordáis cuando en los catálogos de juguetes ponían: más de 5.000 pesetas? Seguro que muchos de vosotros si, y por ejemplo como fue mi caso en su momento, ese era el límite que mis padres ponían a un juguete y nunca pensarían en gastar más porque consideraban que era tirar el dinero.

Y tenían razón dado que la ilusión duraba un mes y después o se estropeaba el juguete o perdías las piezas o te parecía un auténtico aburrimiento como solía pasar con este juego, pero que aún así seguramente alguno de vosotros tuvo la oportunidad de darle buenos guantazos al bicho para que tragase bolas.

Bueno, que me lanzo, voy a explicar cómo era para que lo comprendáis. Era una superficie circular donde se echaban un montón de pequeñas bolas blancas. El juego contaba con cuatro hipopótamos de colores en los que había una palanca en su lomo que al presionar sobre ellas, el cuello del hipopótamo se estiraba y la boca tragaba todo lo que estaba a su alcance.

Obviamente, cuando se acababan las bolitas se hacía recuento de las que había tragado cada hipopótamo y el que más tuviera era el que ganaba. Una mecánica tan simple como la del uso del botijo, pero que quizá esa sencillez hizo que el Tragabolas fuese uno de los juguetes imperecederos en todas las jugueterías durante los años ochenta.

12 Mayo 2010

La pelota loca en los ochenta

Si hace unos días recordábamos dos inventos de los ochenta como era el saco de la risa y aquel tubo para guardar monedas, hoy vuelvo a la carga con otra de aquellas invenciones que arrasaron entre la chavalada de aquella época y donde hoy estos inventos no tendrían cabida en un mundo tan digital.

Había una canción de la televisiva (por aquel entonces) Teresa Rabal que decía algo así como: “¡Bota bota la pelota locaaaaa!, ¡Bota bota pero nunca iguaaaal!” ¿La recordáis? Seguro que sí y seguro que ya recordaréis de qué se trata, sí, de aquella tremenda pelota con cuernos donde agarrándonos a ellos como si de un manillar se tratase y poniendo nuestro culo sobre la superficie de esta gran pelota y ayudándonos de las piernas, los más jóvenes de aquella época saltaban y saltaban entre caídas, tiritas y golpes de toda clase.

¿Te trae algún recuerdo esta imagen?

En un principio se llamó “Balón saltador” pero en España tenemos la manía de llamar a las cosas por el nombre que más se adapte y finalmente se rebautizó como “Pelota loca”. Este fue uno de los éxitos de mediados de los ochenta y no había parque, playa o piscina que no contase con un montón de niños y niñas montados con esta pelota.

Pero con el paso del tiempo las paredes de la pelota acababan rompiendo, eso si no encontraba un trozo de cristal, chincheta o cualquier objeto cortante o punzante que hiciese que acabásemos con el trasero en el suelo tras un buen golpe, eso en el mejor de los casos.

Inventos que al principio pudimos comprar en las mejores jugueterías y que finalmente todo el mundo podía hacerse con una de ellas en las tómbolas de las ferias… ¡Y como bota la pelota loca oiga!

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