15
Marzo
2010

En 1977 se estrenaba en todo el mundo una de las sagas que más ingresos, fans y merchandising ha producido desde entonces, “Star Wars” o “La guerra de las galaxias” ¿Quién no ha oído hablar de esta producción? Me temo que nadie se escapa de haber visto aunque sea un ratito de cualquiera de sus películas.
Y como todo caso de éxito, sobre todo como ocurre en el cine aunque ahora ya no tanto como antaño, siempre aparecía una línea de merchandising y diferentes productos relacionados con la película y Star Wars no podía ser menos.

Además de Darth Vader, Luke y Boba Feet eran de los más buscados
El mismo año del estreno de la primera película (que en realidad era la cuarta parte) se lanzaba al mercado una vasta serie de pequeño muñecos con infinidad de accesorios para que los más pequeños, y los no tanto, pudiesen recrear las batallas y aventuras del ejército rebelde o las tropas imperiales.
La importante juguetera Kenner asumiría la misión de llevar a todos los niños del mundo las figuras de la película, un producto que todo el mundo deseaba. Eran pequeñas figuras de plástico de unos 10 centímetros de altura aunque las hubo hasta de 30, hoy en día verdaderas piezas de coleccionista.
Y con los personajes, inevitablemente llegarían los vehículos, desde el Sandspeeder o esquife de arena hasta naves más grandes como el X-Wing o el anhelado (y carísimo) Halcón Milenario o el gran AT-AT donde podíamos guardar un montón de muñecos de las tropas de asalto esperando para atacar a los rebeldes en muchas de nuestras imaginarias batallas.

El impresionante Halcón Milenario
Recuerdo la publicidad de los diferentes centros comerciales donde siempre era muy común encontrarnos con algunas de estas figuras, a un precio relativamente asequible, entre 600 y 800 pesetas y ya las naves que podían llegar a costar 8500 pesetas, algo que en mi caso (y en mi casa) no pudo ser y siempre me quedé con la espinita de no haber tenido aquella nave fantástica que seguramente me hubiera proporcionado horas y horas de diversión y ser la envidia de los chicos de mi barrio.
Fuese como fuese, también tuve mi pequeña colección de muñecos, sacrificando mi paga y las consiguientes chucherías que me podría comprar y metiéndola en una hucha para llegar a tener el precio justo para irme corriendo a la juguetería para hacerme con Luke, Han Solo, Chewbacca, Darth Vader, Yoda, Obi Wan Kenobi o cualquier otro personaje.
¡Cuanto echo de menos aquellos años!
14
Marzo
2010

Se podría decir que no eran las muñecas más bonitas que se podían ver en el mercado pero sí eran una de las que más éxito cosechó a mediados de los ochenta entre el público infantil femenino, eran las Cabbage Patch Kids o más conocidas como Muñecas Repollo, nombre con el que se conoció a estas muñecas en España.
Una de las características principales de estas muñecas es que no había dos iguales, todas tenían algo que las hacía diferentes al resto. Fueron una creación de Xavier Roberts, quien elaboraba cada muñeco a mano en un pequeño local de Cleveland, Estados Unidos, y los ponía en un hospital para su adopción allá por 1979.

Grupo de diferentes muñecas repollo
La compañía juguetera Coleco quedó impresionada por el producto y decidió comercializarlos, lanzándolos en 1982 con un tremendo éxito entre las niñas de entonces. Llamaban la atención sus grandes cabezas y sus blanditos cuerpos, algo que a las pequeñas de la casa les gustaba y era una de sus muñecas preferidas.
Todas eran diferentes, distinto color de ojos, rasgos de la cara, pelo o incluso la complexión. Estas diferencias eran gestionadas por un ordenador, el cual introducía una serie de parámetros diferentes para cada tirada, consiguiendo así una gran variedad de modelos.
Pero el tiempo pasó y con la llegada de muñecas más estilizadas, con mejores ropas y complementos y algunas con acompañante masculino relegaron a las muñecas repollo a lo más profundo del armario o peor aún, en la basura.

Una muñeca repollo más de cerca
Pero su éxito no se quedó ahí, una compañía llamada Topps lanzó una baraja de cartas parodiando a las muñecas con el nombre de Garbage Pail Kids o Niños del cubo de basura, con aspecto grotesco y poses de lo más estrambótico, lo que ocasionó que Xavier Roberts demandase a Topps, quienes finalmente aceptaron remodelar a las modelos de las cartas para que no se pareciesen tanto a las originales.
Finalmente la compañía Coleco se declaró en quiebra en 1988 y fue absorbida la compañía Hasbro, que es quien tiene los derechos sobre estos pequeños muñecos y que desde 2006 se pueden encontrar en las jugueterías, por lo menos en España.
12
Marzo
2010

Hoy nos vamos al año 1987 a recordar una película dirigida por Roger Donaldson y basada en una novela de Kenneth Fearing y para muchos una versión de “El reloj asesino”. Esta película titulada “No hay salida” está protagonizada por Gene Hackman y por un en alza, por aquel entonces, Kevin Costner.
El Secretario de Defensa de los Estados Unidos (Hackman) mata a su amante en una terrible discusión y para encubrir este hecho su ayudante más fiel crea una maniobra perfecta, inventa un asesino que resulta ser un espía ruso y para descubrir al supuesto asesino envían al comandante de marina Tom Farrel (Costner) para encontrarlo.

Uno de los carteles oficiales de No hay Salida
La vida da muchas vueltas y pronto se descubre que entre la víctima (Sean Young) hay una fuerte conexión, estuvieron juntos mucho tiempo. Y todas las pistas que le han dado desde el mando y que debe encargarse de descubrir le llevan a una sola persona, a él mismo.
De esta forma se desarrolla una trama muy bien llevada y con el suspense necesario para mantenernos en vilo durante toda la película, donde Tom Farrel protagonizará una desesperada carrera contra reloj para encontrar al verdadero asesino y salvar su propia carrera sin que la marina se eche encima de él.
En este metraje el director cuenta con un buen guión que lleva con soltura y que le permite enfatizar los diferentes aspectos de la trama como la relación amorosa de los protagonistas, el suspense y el acoso al que es sometido Farrel por parte del Secretario de Defensa.

Dos de los protagonistas, Kevin Costner y Sean Young
Pero cuando todo parece claro, Roger Donaldson se saca un as de la manga y consigue dar un giro de tuerca a la trama con el que sorprende al espectador.
Vale, quizá por el mero hecho de que sea protagonizado por Hackman, Costner y Young entre otros, no quiere decir que sea una obra maestra del cine, pero si es una de las que volveríamos a ver en alguna ocasión y eso ya quiere decir algo.
¿La has visto?
11
Marzo
2010

La astronomía parece estar de moda desde hace unos años y hoy pensando sobre qué puedo escribir me ha venido a la mente la primera y última vez que pude ver un cometa en directo, y no por televisión. ¿Os acordáis del famoso cometa Halley?
Recuerdo que allá por febrero del 1986 mucha gente estaba revolucionada ante la inminente llegada del fenómeno y a ello contribuyeron los diferentes medios de comunicación, lo que hizo que la curiosidad que suscitaba el paso del Halley por la Tierra despertase un tremendo interés entre toda la sociedad.
Muchos nos fuimos a zonas con poca contaminación lumínica y bastante despejadas para poder verlo con mayor nitidez. Yo iba con unos pequeños prismáticos que le habían regalado a mi madre, que aunque no eran para nada buenos, a mi, con mi edad, me daban cierta seguridad a la hora de captar la pasada del cometa.

Imagen nítida del cometa Halley
Unos iban pertrechados con increíbles telescopios y otros son ninguna otra cosa que sus propios ojos, pero aún a simple vista, y siempre según los medios de comunicación, podría ser visto. Recuerdo que nos pasamos un buen rato esperando, quizá una o dos horas, pero mientras tanto todos teníamos ese gusanillo de ilusión por ver pasar a ese fenómeno que recorría el espacio sideral de nuestras aventuras preferidas.
Finalmente todo fue como un susurro, duró poco, o al menos lo que yo recuerde, pero me fui con la sensación de haber formado parte de algo muy importante, aunque esa sensación se ha ido desvaneciendo con el paso de los años, pero que aún así puedo decir que fui uno de los que vio al cometa Halley saludarnos desde las estrellas. Ahora tendremos que esperar hasta 2061 para volver a verlo.
¿Vosotros tuvisteis la misma oportunidad?
10
Marzo
2010

Regresamos al mundo de la televisión en España para recordar brevemente un espacio humorístico titulado “Tres estrellas”, una sitcom que en sus inicios comenzó siendo emitida por el canal autonómico catalán TV3 pero que debido a su tremendo éxito se extendió primero al resto de canales autonómicos y posteriormente a Televisión Española donde todos pudimos disfrutar de esta hilarante serie.
La serie fue concebida por el popular trío humorístico Tricicle, compuesto por Paco Mir, Carles Sanz y Joan Gràcia, los cuales enfocaron todo su conocido humor, basado principalmente en la mímica y el gag visual, en este espacio que poco a poco se convertiría en uno de los más famosos de 1987.

El popular trío Tricicle
Estos actores interpretaron a un montón de personajes diferentes en esta serie donde se vivían las situaciones más disparatadas e hilarantes que ocurrían en este televisivo hotel y era muy común encontrarnos con un solo actor haciendo de botones, recepcionista, cocinero o jardinero entre muchos otros.
Hay que destacar que esta serie sirvió de trampolín al trío humorístico para preparar un film que dirigirían ellos mismos bajo el título de “Palace” y donde contarían con la colaboración de Lidia Bosch, Nathalie Seseña, Beatriz Rico y el popular actor francés Jean Rochefort.
¿Quien de vosotros se acuerda aún de esta serie?
9
Marzo
2010

Entre 1983 y 1984 Christopher Tolkien, hijo de J.R. Tolkien, famoso escritor de literatura épica y fantasía, retomaba el trabajo no publicado dejado por su padre comenzado en 1916. Se trata de El Libro de los Cuentos Perdidos, nombre con el que se conocía a los dos primeros volúmenes de la serie de los doce libros de La Historia de la Tierra Media.
Es un completo compendio del inicio de la mitología de la Tierra Media y podría decirse que es el primer esbozo de los mitos y leyendas que con el paso de los años conformarían El Silmarilion una de las bases sobre las que se sustentan gran parte de los textos de El Señor de los Anillos.

Portada del primer ejemplar
La trama nos sitúa en un largo viaje que un marinero emprende a Tol Eresseä, una solitaria isla habitada únicamente por Elfos. Hay que destacar que en las primeras versiones de “Cuentos perdidos” Eresseä era conocido como Eriol aunque posteriormente se conocería como Ælfwine, en inglés de la Edad Media.
Una vez allí, el marinero conoce los cuentos perdidos de Elfinesse, de donde se sacarían las ideas sobre los Valar, elfos, enanos, Balrogs, orcos, los dos árboles de Valinor, Nargothrond, Gondolin, los Silmarili y la geografía y cosmología de lo que se conoce como Tierra Media.
Además este libro nos mostraba lo que fueron los primeros esbozos de lo que sería la base de la Tierra Media tal como la conocemos hoy en día y algo curioso eran las notas y comentarios transcritos por el propio hijo de Tolkien, lo que ayuda al lector a comprender más sobre este fantástico mundo.

Segundo ejemplar de El Libro de los Cuentos Perdidos
Algo de lo que muchos seguidores de esta clase de literatura odiaron fue que muchos de los nombres en el libro son muy parecidos o incluso idénticos a los que aparecen en versiones posteriores, aunque eso era algo característico de J.R. Tolkien, quien cambiaba los nombres frecuentemente, algo que desconcertaba totalmente a los lectores.
Y lo que acarreaba esto era que unas veces encontrábamos nombres usados para una cosa y con posterioridad serían usados para algo totalmente diferente. Pero fuese como fuese, El Libro de los Cuentos Perdidos es un referente que no puede faltar en las estanterías de los amantes de este género literario.
8
Marzo
2010

Seguro que muchos de vosotros recordáis los miles de inventos y productos de lo más esperpéntico si lo vemos desde el año en el que nos encontramos, pero que por aquel entonces eran algo verdaderamente vanguardista y que con el paso de los años se ha convertido en algo ridículo y a la vez en piezas de coleccionista
Recuerdo unos auriculares de diadema con una antena de esas telescópicas que nos permitían ir escuchando la radio en cualquier lugar pero que hacía que en nuestra cabeza pareciese que tuviéramos un casco del espacio o una cabeza robotizada.
Pero si de robots hablo, me vienen a la mente más recuerdos como los populares Transformers, con Optimus Prime y Megatrón y obviamente toooodo el merchandising que con los productos de éxito iban apareciendo en los kioskos y las mejores jugueterías.

Evolución del reloj a robot
Estoy hablando del mítico reloj transformer, algo que tuvo un gran éxito en la década de los ochenta y que fueron miles de niños los que lucieron este singular reloj en sus muñecas. Y el que no lo haya conocido se preguntará… ¿Qué tenía de especial este reloj?
Pues la verdad que nada del otro mundo, porque únicamente daba la hora, no tenía ni cronómetro, algo que se llevaba mucho en los relojes digitales de la época. Lo único que lo diferenciaba era que la pequeña carcasa de plástico que protegía el mecanismo del reloj se podía convertir en un pequeño robot.
Este mini-juguete podía separarse de la pulsera y usarse como pequeño entretenimiento convirtiéndolo en un verdadero robot y pasar un rato haciendo el tonto con él y cuando nos cansábamos volvíamos a montarlo y a colocarlo en nuestra muñeca y a otra cosa mariposa.
Los había de diferentes colores, tamaños y formas, algunos se convertían en un avión, un camión o una verdadera nave espacial o como es el caso de la fotografía, en un pequeño robot de color rojo. ¿Cuál tenías tú?