Ruy, el pequeño Cid (1980)

El mundo de la televisión es una fuente inagotable de recuerdos de todas clases, algunos de alegría, otros de drama e incluso otros de verdadero terror, pero lo que siempre nos quedará a muchos de nosotros, sobre todos los que aún seguimos llevando un niño dentro, son nuestros recuerdos de la infancia. Y si de recuerdos hablo hoy quiero irme al primer año de la década de los ochenta, cuando televisión española, en horario de sobremesa, emitía todos los domingos las aventuras de un personaje muy patrio, Ruy el pequeño Cid.

Una adaptación de la vida de Rodrigo Díaz de Vivar, mucho más conocido como el Cid Campeador, pero en versión infantil, donde los niños aprendían partes de la historia mientras se divertían con las peripecias de este importante personaje que nació en Vivar, una pequeña aldea a escasos 7 kilómetros de Burgos allá por 1.043.

Don Diego Laínez y su hijo Ruy

La serie nos cuenta sobre la vida de este niño, que sueña desde siempre con ser igual que su padre, Don Diego Laínez, un heroico y noble caballero de la Corte Castellana que ha pasado gran parte de su vida en diferentes contiendas bélicas, siendo herido en muchas de éstas, pero siempre saliendo victorioso.

A su vuelta de una campaña, decide en que ha llegado la hora de que su hijo, Ruy, aprenda lo que debe saber un buen guerrero y le enseña a moverse sigilosamente en la naturaleza y en el noble arte de la lucha a espada. Pero de nuevo, los servicios de Diego Laínez son requeridos por el rey y Ruy se queda al cuidado de los frailes del monasterio de San Pedro, lugar donde el pequeño caballero vivirá sus primeras aventuras.

Ruy y su querida amiga Jimena

Aquí, aunque le cuesta acostumbrarse a la vida de esta gente desconocida para el, comienzan sus peripecias con su burra “Peca” y junto a su imaginación y a Alvar Fañez y a Jimena, dos nuevos amigos que conocerá, vivirá sus aventuras de caballero con Alvar y su primer romance con la joven Jimena.

¿Os acordáis? Seguro que sí y los más jóvenes seguro que en alguna ocasión habéis blandido una espada tal como lo hizo este divertido personaje de los años ochenta.

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