Las chucherías más ácidas de los ochenta

chucherías ácidas de los ochenta

Los ochenta fueron un derroche de imaginación. No solo en cuanto a ropa, cine, series y programas de televisión o música. Las chucherías y golosinas siempre fueron uno de nuestros mejores aliados, sobre todo cuando nos daban la paga semanal. ¿Quién no se acuerda de aquellos años en los que ibas al quiosco y te creías el rey del mambo? Kikos, palomitas, pipas, chicles, gominolas y todo un arsenal de chucherías listas para producir caries al más pintado.

Por eso, en este artículo queremos recordar de nuevo aquellos años con esos tesoros que nos comprábamos en el quiosco. Donde casualmente muchos lo teníamos o justo debajo o al lado de casa. ¿A que sí?

Las chucherías más deliciosas

Los quioscos eran nuestro lugar preferido, sobre todo porque de aquella no había muchas tiendas especializadas en golosinas como ahora. Los Petazetas eran uno de mis favoritos. Venían en un pequeño paquete de plástico aluminizado sellado, como si fuera un alimento de astronautas.

Quizá sería por eso porque el dibujo aparecía un astronauta… no lo sé. Eran una pequeñas piedrecitas de color que las metías en la boca y al contacto con la saliva explotaban. Guarrada máxima. Si tomabas un paquete, estaba bien, pero si te pasabas con dos o tres, el dolor de barriga estaba asegurado.

Si hablamos de cosas que “picaban” tampoco podemos olvidarnos de los Fresquitos. En un paquete de plástico venía una cantidad indeterminada de polvos extraños. También venía con dedo de caramelo pinchado en un palo.

Lo que había que hacer era chupar el dedo de caramelo y empaparlo de saliva para meterlo en los polvos. Éstos se adherían y se volvía a meter todo en la boca. No picaba demasiado pero era una sensación refrescante.

Si querías algo burbujeante, siempre podías elegir caramelos Selz. Tenían infinidad de sabores y alguno de ellos bastante llamativo. Para los amantes del sabor ácido no solo estaba el chicle Cheiw de fresa ácida, recuerdo otras golosinas. Una de ellas era una sandía que estaba rellena de una especie de sirope.

Chucherías de picapica

Era una bola enorme casi atroz. Con el color de una sandía que a medida que la chupabas te iba dejando ese sabor ácido tan especial. Dentro estaba el preciado premio, como si se tratase de los chicles Bubbaloo, con infinidad de sabores diferentes.

Las lenguas de picapica también fueron otra de las chucherías que más éxito tuvieron. De hecho, al igual que muchas de las que he citado en esta entrada, se siguen fabricando. Estoy seguro de que más de uno de vosotros y vosotras las seguiréis tomando.

Los caramelos Pez los he dejado para el final y no porque fueran los mejores, ni tampoco por su dispensador. Normalmente venían en dispensadores que tenían la cabeza de un personaje que al presionarla salía una gragea. También los encontr

Estos caramelos, al menos los que recuerdo, eran ligeramente ácidos al principio. Después se deshacían en la boca y te la dejaba como si hubieras lamido un cartón.

Estas son solamente algunas de las muchas chuches más ácidas y picapica que pudimos saborear en los ochenta. ¿Las recuerdas?

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