Commando (1985)

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Algo que recuerdo con mucha nostalgia de la década de los ochenta, además del cine, televisión y la música, eran los videojuegos dado que recuerdo que contaba con dos ordenadores algo que por aquellos años no era muy común, pero  que me permitió conocer algunos de los juegos más conocidos de aquel tiempo, como por ejemplo Commando, del que voy a hablar en esta entrada.

Es un clásico de los conocidos como shoot’em up, es decir, acabar con todo lo que se mueva por la pantalla, un arcade con scroll vertical que se remonta al año 1985 y que fue el germen para otros títulos que llegarían años después como el estupendo Ikari Warriors o el Rambo: First Blood Part II entre otros.

Este título fue todo un éxito y desde sus inicios se apostó muy fuerte por él. Por eso tuvo presencia en muchas de las plataformas más importantes del momento como Commodore 64, Amstrad CPC (cinta y disquette), ZX Spectrum, Atari 2600, Atari 7900, Commodore Amiga, MSD, Nintento Entertainment System, BBC Micro, Acorn Electron y PC.

Hay que decir que todas las versiones para estas plataformas son bastante parecidas, con gráficos bastante cuidados para aquellos años, lo que por entonces era toda una revolución, aunque si lo comparamos con el estilo actual, son un auténtico desastre.

Este título nos presentaba a Super Joe, el protagonista de Commando, quien es llevado en helicóptero a una jungla, donde tendrá que luchar por su vida sin que nadie le ayude y con un montón de enemigos dispuestos a matarle.

Como arma principal tiene un subfusil automático, con munición ilimitada y granadas de mano, todas ellas con número límite. Puede disparar a cualquiera de las ocho direcciones contra las que se enfrente aunque las granadas solamente pueden ser lanzadas de manera vertical  hacia la zona superior de la pantalla.

Entre las principales características con las que tienen sus granadas es que además de poder matar a varios enemigos de una sola vez, también nos servirán para ir abriéndonos camino en nuestra aventura.

Cuando llegábamos al final de cada nivel, la pantalla se detenía y nos tocaba algo muy clásico en los arcades de aquellos años, luchar contra un jefe final, aunque en este caso con sus esbirros. En este caso eran un grupo de soldados que van apareciendo de una fortaleza quienes son ordenados por un oficial cobarde que se escapa al final.

En nuestro camino tendríamos que liberar a los prisioneros de guerra y también nos darán puntos por ello, aunque no es requisito obligatorio para seguir adelante en el juego.

Una característica del juego es que solo tendremos un tipo de arma, subfusil y granadas, no hay más, algo que contrasta con otros juegos que contaban con un gran arsenal, pero ello no es algo que nos lastre en el desarrollo del juego y no le quita ninguna clase de jugabilidad.

Este fue uno de los títulos del año e incluso fue tan bueno que años después incluso tuvo un remake para versiones de videoconsolas como PlayStation 2.

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