20 agosto 2011

Con la radio a todos lados

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Que sí, que los ochenta estuvieron plagados de cosas verdaderamente absurdas, cosas que realmente funcionaron y otras que más bien parecía que aquella no era su década. Inventos la mar de curiosos que hoy en día nos parecen algo completamente obsoleto y que no usaríamos hoy ni aunque nos pagasen, sobre todo por el miedo al qué dirán, entre otras cosas.

Obvio es que mucha gente, por no decir todo el mundo, ha prescindido del walkman y también del discman (aunque este fue muy posterior) para dejar paso a los reproductores de mp3, mp4 o a los conocidos como teléfonos inteligentes o smartphones, los cuales también gracias a su conexión, nos permiten escuchar la radio.

Pero si nos vamos a los años ochenta seguro que ninguno teníais teléfono móvil, el que más… tenía un walkman con curiosas funciones como autoreverse y ecualizador, pero vamos… el resto teníamos el modelo más básico.

¿Os acordáis de estos auriculares?

Pero si queríamos escuchar la radio teníamos dos alternativas, o hacernos con el transistor de nuestro abuelo, el cual sólo recibía las emisoras de Amplirtud Modulada (AM) o nos hacíamos con unos cascos o auriculares con radio, la última moda y con lo que eramos la envidia de todos nuestros amigos.

Eran, además de un poco feos, bastante incómodos; yo recuerdo que mi abuelo nos regaló uno a mi hermano y otro a mí, de color rojo y azul respectivamente. Tener esto era como ser lo más del barrio, una diadema en cuyo extremo había un par de cajitas con los auriculares y de una de ellas se extendía una antena telescópica para recibir mejor la señal, bien fuera AM o FM.

Era estupendo, podíamos ir escuchando los éxitos mientras jugábamos o dábamos un paseo, pero lo cierto es que mirando hoy aquellos años más bien parecíamos extras sacados de alguna película del espacio de clase Z, pero es igual, lo pasábamos como los indios.

¿Alguno de vosotros tuvo estos auriculares

19 agosto 2011

Carl Lewis en los Juegos Panamericanos de 1987

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Hoy voy a rescatar una noticia de 1987, cuando el hijo del viento, más conocido como Carl Lewis aún no había batido los 8,90 metros del récord de salto de longitud, en posesión hasta el momento del mítico Bob Beamon conseguido en los mundiales de México de 1968.

El 18 de agosto de 1987 aún se estaban celebrando los Juegos Panamericanos y Lewis aseguraba que podría hacerse con el récord de Beamon dado que se encontraba en una estupenda forma física y poco a poco veía cómo se iba acercando con varios saltos entre los que destacaban un 8,53 metros, dos 8,68 y dos 8,75, lo que hacía pesar que esta progresión seguiría en aumento.

A pesar de estas marcas, el viento reinante en aquella jornada dificultó la labor de este joven saltador, que tendría que ver cómo su intento de llegar a la gloria tendría que esperar. Según sus propias declaraciones: “No estoy descontento con mi actuación. El viento fue molesto, sobre todo porque iba a rachas y me obligaba a saltar cuando la bandera no se movía. En estas condiciones, estoy satisfecho de mis saltos, aunque ninguno de ellos fue, para mí, perfecto”.

Lewis, un especialista en salto de longitud

Con estas declaraciones podemos imaginarnos el nivel de perfección o de superación mejor dicho que tenía, intentando siempre mejorar sus saltos, independientemente de la situación, lo que le convertiría en un serio candidato a hacerse con el récord. En aquel evento deportivo, además de estar muy cerca del récord, demostró su estupendo estado de forma ayudando a ganar la prueba del relevo 4×100.

Según los medios especializados del momento, desde el punto de vista técnico Lewis tenía una velocidad ideal aunque aun fallaba algo en la batida, lo que posiblemente fuese lo que generase desconfianza y no poder alcanzar esa meta, que sin duda, tarde o temprano, conseguiría.

18 agosto 2011

Chicho Terremoto (1981)

Los dibujos animados siempre han formado parte de la infancia de muchos de los niños de la década de los ochenta y aunque muchos de ellos ya no los echan ni por las televisiones autonómicas ni locales, siempre nos quedará Internet para recordarlos aunque no es el caso del que vamos a hablar hoy.

Si os digo Dash!! Kappei o Dashu Kappei posiblemente no os suene de nada, pero si digo la palabra Chicho Terremoto seguro que le suena a más de uno. Aunque en muchos sitios no se pudo disfrutar de esta serie hasta bien entrados los años noventa, hay que decir que esta serie nació en Japón y se emitió entre 1981 y 1982.

El canal Fuji Televisión fue quien vio nacer a este revoltoso y con el que muchos peques de aquella época se divertían de lo lindo en sus 65 capítulos. Era un personaje que venía directamente de cómics de manga de Noboru Rokuda y que fue publicado en 1981.

Chico haciendo de las suyas en un capítulo

En esta serie conoceríamos a Chicho Terremoto, un pequeñajo amante del baloncesto y sobre todo de las chicas, a las cuales siempre levantaba la falda para ver sus bragas y tiene como musa a Rosita (nombre de la chica en la versión española) a la que le gusta ver su ropa interior blanca.

Cuando no estaba levantando las faldas a las chicas se dedicaba a jugar al baloncesto y una de sus especialidades era la de marcar triples a la vez que gritaba la frase de: “tres puntos colega”, una coletilla que fue muy usada en su momento y que posiblemente los más nerdies sigan usando hoy en día.

¿Os acordáis de esta serie?

16 agosto 2011

Christine (1983)

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Los años ochenta fueron tremendamente prolíficos para el cine de terror y era rara la novela de Stephen King que no se llevase al cine como la película de la que vamos a hablar hoy y que aunque no es una de las obras más conocidas de este escritor, dejó un muy buen sabor de boca para todos sus lectores.

Se trata de Christine, una película que lleva el mismo título que el libro y que fue llevada al cine por otro de los pesos pesados del terror pero en la gran pantalla, John Carpenter. Hay que destacar de esta película que fue llevada al cine antes de que el libro saliese a la venta, lo que significaba una gran confianza entre los productores, King y Carpenter.

La trama se centra en un chico llamar Arnie Cunningham, el típico pardillo de cualquier instituto estadounidense, algo desaliñado, nada popular, con unas horribles gafas negras y lleno de complejos. Vamos… el estereotipo de todos los empollones de los centros de educación de aquel país.

Christine, el Plymouth de 1958

Cuando volvía a casa junto a Dennis Guilder, su mejor amigo, Arnie se queda completamente prendado de Christine, un coche prácticamente destartalado que tiene un cartel de “se vende”. Dennos le aconseja que se olvide de esa chatarra pero a Arnie no le importó, finalmente pagó 250 dólares por el coche con el fin de repararlo y ponerlo como en sus mejores días.

Desde ese momento Arnie cae en una espiral obsesiva donde su mundo es el coche y se pasa todo el tiempo arreglándolo, dejando de lado a sus amigos y también a su familia. Una vez el coche está completamente arreglado Arnie es otra persona, se ha vuelto arrogante y muy egoísta, todo ello manipulado por Christine, quien hará lo posible para impedir que nadie se interponga entre Arnie y el coche.

Con King y Carpenter en esta película os podéis imaginar algunas de las escenas que pueden salir de la mente de estos dos grandes que dejaron su impronta en esta película, que a pesar de no ser una de las mejores del director, cumple con creces su objetivo, entretener. Como no encontrábamos el trailer de la película, nos animamos y hemos hecho uno para que vosotros también tengáis un pequeño feedback de Christine.

15 agosto 2011

Talbot Horizon en el verano de 1985

El verano siempre ha sido un estupendo momento para irse de vacaciones y uno de los medios de transporte preferidos, además de los públicos, siempre ha sido el coche y esta temporada estival nunca ha estado exenta de de tentadoras promociones donde nos ofrecían productos que seguramente nos ayudarían a tener un verano mejor.

Algo así ocurría con el Talbot Horizon allá por el verano de 1985, año en el que lanzaban una promoción que seguramente llegó a resultar tremendamente tentadora para los muchos compradores de este modelo que hoy en día forma parte de nuestro recuerdo.

Hoy rescatamos de la hemeroteca un anuncio aparecido en prensa escrita sobre la oferta que antes os comentábamos. “Al comprar un Talbot Horizon usted tiene 1.000 litros de gasoil gratis a su valor equivalente en gasolina”.

Así era la promoción de verano del Talbot Horizon

Vaya donde quiera. Por muy lejos que esté. Este verano, el combustible es gratis. Haga kilómetros y disfrute al máximo de su nuevo Talbot Horizon. De su sorprendente economía, desde 4,5 litros a los 100 kilómetros. De su potencia y velocidad, hasta 90 caballos y 175 kilómetros por hora”.

De su completo equipamiento: dirección asistida, elevalunas eléctricos, suspensión independiente… Y de su motor Peugeot en la versión diesel. Duro y vanguardista. Para que hacer kilómetros gratis le produzca más placer. Talbot Horizon, diesel o gasolina, rentable hasta en vacaciones”.

¿Alguno pudo disfrutar de esta promoción?

13 agosto 2011

El color púrpura (1985)

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La década de los ochenta fue muy prolífica para el séptimo arte y fue donde Steven Spielberg se afianzó como uno de los directores más reconocidos del mundo del celuloide y década en la que comenzó a conocerse con el seudónimo de “El rey Midas de Hollywood”.

Obviamente su carrera ya había comenzado antes de los ochenta con varias producciones y en los ochenta destacó por infinidad de producciones, que nada tenían que ver con la ciencia ficción a la que tanto nos tenía acostumbrados hasta el momento.

Hoy nos vamos al año 1985 para recordar una de las mejores películas del siglo XX según muchas revistas especializadas, El color púrpura, una película interpretada por Danny Glover, Whoopi Goldberg, Margaret Avery y la reconocida presentadora Oprah Winfrey. Cabe destacar que Spielberg descubrió el tremendo potencial que tenía Goldberg y como buen director que es, acertó.

Whoopi Goldberg en un momento de la película

La trama de esta película se centraba principalmente en la vida de Celie, una jovencita negra de 14 años a principios de siglo. Con esa edad estaba embarazada de su propio padre y de esta forma continúa su difícil existencia durante 30 años más.

Una de las cosas que Celie más desea es aprender a leer y jamás se dio por vencida hasta que lo consiguió, aunque le costó palizas del padre, tener que esconder las cartas para que no se las quitase. Poco a poco va aprendiendo más y va conociendo más y más cosas del mundo, consiguiendo así un lugar en la sociedad.

De esta forma serían cinco las mujeres negras las que se irían liberando de la esclavitud gracias a la comunicación entre ellas, por su conocimiento y por su independencia. Un drama de más de dos horas de duración pero que merece mucho la pena disfrutar y que os recimiento.

12 agosto 2011

Los helados Frigo del verano

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En verano y desde hace mucho tiempo, los helados son uno de los alimentos o chuchería (se llame como se llame) preferidos por todo el mundo desde los más grandes a los más pequeños y lo cierto es que están realmente deliciosos aunque seguro que muchos de vosotros echa de menos aquellos helados de nuestra década favorita.

Se algunos de ellos ya hemos hablado aquí en nostalgia80.com como es el caso del Frigopie, Drácula o el Colajet, unos de los más famosos y de los que seguro que más de uno y de una de los que seguís a diario este blog recordáis con cierta nostalgia.

Otros muy conocidos eran el Frigurón, de la casa Frigo, helado que tenía forma de tiburón y un color azul que resultaba verdaderamente tentador. Twister, un divertido helado de tres sabores, uno central de color azul y otros dos rodeándolo en espiral de colores rojo y verde, de sabores que no recuerdo exactamente.

¿No se os hacía la boca agua con tanto helado?

Años después aparecería el Twister choc con chocolate blanco y negro con corazón de chocolate un poco más duro. El Negrito era uno de los helados de cucurucho por excelencia, con una galleta crujiente (cuando no llevaba demasiado en la nevera y era como un cartón mojado) y un delicioso helado de nata y fresa o vainilla y chocolate recubiertos por una capa de chocolate con almendras picadas.

También destacaba el que más me gustaba, el Super Choc, centro de chocolate duro recubierto de chocolate blandito y cremoso y todo ello bañado en una crujiente capa de almendras y chocolate duro. El Calippo era el helado de hielo por excelencia después de los polos que eran muy baratos. Consistía en una especie de cilindro de cartón, aplastado por una esquina y dentro llevaba el cilindro de hielo del sabor elegido y para hacer que éste subiera cuando se iba gastando debíamos aplastar una de las partes del cartón.

A ello también podríamos sumarle los helados de corte, que siempre vi a personas mayores comiéndolo y una larga retahíla de helados que hoy en día ya no están con nosotros pero que forman parte de nuestra memoria colectiva.

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