Aquellos juguetes de los ochenta

Que todos llevamos un niño dentro, es algo que no podemos negar, unos lo exteriorizamos y otros no, pero cierto es que ahí está. Y con esa mezcla de niño y de persona adulta, muchas veces afloran en nosotros sentimientos de nostalgia, donde echamos la vista atrás y vemos que tal como decía Karina muchos años antes de nuestra década “cualquier tiempo pasado nos parece mejor”.

Yo reconozco que soy un verdadero niño porque me siguen gustando mucho los dibujos animados, los juegos, películas infantiles y un largo etcétera. No me cuesta reconocerlo, aunque muchos me llamen friki, pero las cosas son como son. Y muchas veces recuerdo mis añorados juguetes que ya estarán… sabe Dios donde estarán. O aquella fantástica colección de libros educativos de Richard Scarry, que si hoy encuentro alguno de aquellos tomos, los compro sin pensármelo dos veces.

Uno de los libros de Richard Scarry

¿Por qué tendemos a pensar que los juegos y juguetes de los ochenta eran mejores? Pues como ya he dicho en más de una ocasión aquí, es gracias a que uno de los componentes más importantes a la hora de jugar era la imaginación. No digo que ahora no se use la imaginación a la hora de jugar (desconozco los juegos actuales de recreo, porque en las calles ya no juegan los niños), sólo sé que encender la consola y liarse a dar al botón toda la tarde no es muy imaginativo que digamos, pero los tiempos cambian, hemos de aceptarlo.

Muchos de nosotros somos considerados raros porque no tenemos una consola o no vamos a flashmobs, pero somos unos cuantos los que nos resistimos a creer que los juegos de ahora son mejores que los de ayer.

Nuestro añorado juego de las chapas

Los ochenta eran un torbellino en cuanto a aparición de juguetes físicos, donde el niño o niña interactuaba con ellos de manera real, más cercana, ya bien fueran muñecas, cocinas, clicks, geyperman o el juego que fuese. ¿Quién no recuerda con nostalgia aquella época o incluso décadas anteriores? Los más puristas dirán que eran juguetes más sanos, pero ni tanto ni tan calvo, eran juguetes de aquella época y ya, no hay más que decir.

El resto fueron evolucionando como fuimos evolucionando nosotros y nuestros gustos fueron tomando una u otra dirección, pero la verdad es que sea como sea, estoy totalmente seguro que más de uno de los que lee este blog, guarda algún juguete de su infancia con mucho mucho cariño…

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