¿Cómo pude ponerme aquello?

¿Quién no recuerda la moda de los ochenta? Para bien o para mal, es algo que ya forma parte de nuestra historia. Para algun@s fue una época para olvidar y para otr@s algo entrañable y que se recuerda con cierta nostalgia.

Durante aquella década se desató un cierto aire de libertad con la aparición de muchas y nuevas marcas que traían y se llevaban las modas tan rápido que apenas nos dábamos cuenta que lo que llevábamos nuevo de hace unos meses ya no era tan nuevo sino que estaba desfasado y en aquellos momentos resultaba bastante hortera.

Personalmente recuerdo mis años de colegio y me llamaba mucho la atención la cantidad ingente de clases de ropa que había. Como todos hemos tenido, en clase había la típica persona vestida con la ropa más cara que nosotros no pudiéramos imaginar y esto a fin de cuentas no sólo ocurría en clase, también ocurría fuera de las cuatro paredes donde nos encerrábamos voluntariamente (o no) para estudiar, convirtiéndose en algo parecido a un “sistema de castas de la moda”.

La moda en los ochenta llegaba a límites insospechados

En los primeros ochenta las tendencias vuelven a ser ciertamente conservadoras mientras Ronald Reagan y Margareth Tatcher eran las cabezas visibles de los dos países de la moda por antonomasia. Estados Unidos con una ropa más casual, urbana y muy inspirada en la corriente surfer y la otra cara de la moneda, Inglaterra, con una ropa tradicional y formal, pero con un ligero toque macarra tal como mandaban los cánones en aquella década y más a principio de los ochenta, cuando el movimiento punk estaba en pleno apogeo.

En los ochenta los trajes dieron un cambio radical, las hombreras hicieron acto de presencia no solo en la ropa femenina sino también en la masculina. El culto al cuerpo comenzaba poco a poco a aflorar en las grandes ciudades y los grandes de la moda daban sus primeros pasos en algo que hoy en día es indispensable, pero que en aquella época era algo totalmente desconocido, el marketing.

Una estrategia donde diseñadores como Ralph Lauren o Calvin Klein hicieron ingresos millonarios tras hacer sus campañas de marketing entre la población; una población joven que quería cambios y que inspirada por la falsa creencia de que “todo lo de fuera es mejor” propiciaron la adquisición de prendas venidas de la otra parte del charco, trayendo marcas muy trendy del denominado urban style o de la tendencia surfer norteamericana, del clasicismo rebelde de la Inglaterra de principios de los ochenta o del movimiento electrónico alemán con influencias de los sonidos Bauhaus entre otros muchos y muchos de ellos haciendo combinaciones casi imposibles con colores hasta entonces nunca vistos.

Algunos llevaban la moda hasta los extremos (el niño parece un gremlin)

Ocean Pacific, Rip Curl, Dickies, Sun Light, Adidas, Nike, Privata, Levi´s, Liberto, Chevignon y mil y una marcas más que formaron parte del fondo de armario de los más pudientes en aquella época.

Pero haciendo alarde de orgullo patrio… ¿Quién no recuerda la marca Segarra? Unas alpargatas de suela de esparto que podían durar años, de la socorrida marca Fer-Gar, de los playeros Yumas, de Colesport, de aquellas ridículas sandalias de plástico que nuestros padres nos obligaban a ponernos cuando íbamos a la playa o de las camisas Ike…

Lo cierto es que los ochenta han pasado, pero los nostálgicos guardamos un buen recuerdo de casi todo lo que paso por nuestro armario y seguro que en alguna ocasión al echar la vista atrás, recordaremos algunas de las prendas que teníamos y nos preguntaremos… ¿cómo pude yo llegar a usar aquello?

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